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Rambla: Montevideo de cara al mar

En el trailer de la segunda temporada de Anne with an E, aparece la niña, en una playa, mirando al agua, en un lugar que perfectamente podría ser Malvín. “¿No es el mundo un lugar maravilloso?”, se pegunta. Y con su voz tan característica responde: “Amo mirar el horizonte e imaginar todas las posibilidades…”.

A los que nacimos en Montevideo nos cuesta pensar en lo distinto que sería todo si fuésemos de una ciudad que no da a la costa. Probablemente la apertura que nos da el mar y el horizonte contrarresta el “encerramiento” en que podríamos caer por ser un país tan chiquito. Pero más allá de todo el simbolismo, en la práctica, ser una capital que mira al mar, nos da inmensas posibilidades que en parte moldean nuestra idiosincrasia.

Puertito del Buceo Rambla

Foto: Carolina Astigarraga

La ciudad y el mar

Para empezar, si no fuese por la costa creo que ni siquiera seríamos una capital. Fue el puerto lo que le dio a Montevideo el estatuto de ciudad privilegiada durante los tiempos de la Colonia. Ser una capital marítima no es lo más común.

Creo que el caso más famoso es Helsinki, como explica Planning Twetieth Century Capital Cities, un excelente libro sobre urbanismo. En el caso de Helsinki “El mar ha desempeñado un papel en la configuración de la capital y la imagen simbólica de la ciudad, así como su esencia urbana espiritual. El centro histórico, ubicado en la estrecha península, está vinculado al mar de una manera exquisita y su fachada neoclásica frente al mar es un símbolo bien conocido.” (Gordon, 2006).

Estas palabras bien podrían estar describiendo Montevideo y, en especial, la Rambla. Postulada como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, ese balcón que da al agua es el espacio urbano que más identifica a la ciudad. Mientras en la mayoría de las ciudades los lugares públicos a los que más personas concurren en su tiempo libre suelen ser los parques, nosotros vamos a la Rambla.

La avenida

La Rambla como avenida comienza en la Bahía del Puerto de Montevideo y se extiende hasta El Pinar, en el departamento de Canelones. Esto significa que puedo “ir por la Rambla”, recorriendo todo el extremo sur de la ciudad, sin nunca perder de vista el mar.  Adopta dieciocho nombres distintos a lo largo de su recorrido. Rambla Baltasar Brum, Rambla Gran Bretaña, Rambla República Helénica, Rambla Mahatma Gandhi, son algunos. Su extensión es de más de 40km (25 millas), si sumamos el tramo que se continúa en la Ciudad de la Costa, en Canelones.

Como ruta, la rambla hace que los embotellamientos en los horarios pico de la mañana y de la tarde, sean simplemente llevaderos. Esta frase – quizás no tan feliz – no le hace verdadera justicia a lo que significa “ir por la rambla”. Pero la realidad es que tanto el alba como el ocaso son bastante hipnotizantes, en esta zona de Montevideo.

El paseo

Ahora bien, la Rambla de Montevideo no es solo una ruta de transporte. Es el paseo más tradicional de la ciudad. Cuando decimos “vamos a la Rambla” no nos referimos a la avenida sino a su vereda. Es decir, a la ancha vía peatonal que la acompaña. En este sentido, posiblemente, es que nos acercamos más al uso catalán del término. Pero la gran diferencia es que, en la acepción uruguaya, no existe una Rambla separada del mar.

La Rambla comenzó a ser construida a principios del siglo XX. En su largo trayecto une la escollera Sarandí del puerto de Montevideo (al oeste), con el barrio Carrasco (al este), convirtiéndola prácticamente en la vereda ininterrumpida más larga del mundo.

Creo que es precisamente como vereda, como más nos beneficiamos de la rambla. Aquí concurre mucha gente, no solo para caminar, andar en bici o hacer algún deporte. También lo hacen para charlar, tomar mate o solo juntarse a compartir un rato. Como quien iría al Central Park o a Hyde Park u otros espacios públicos que tienen otras ciudades, nosotros vamos a la rambla.

“La rambla cuenta con varias atracciones: espacios verdes y parques en distintos puntos, pista de patín a la altura del Parque Rodó, una de skate en el puertito del Buceo, puestos de venta de pesca artesanal, espacios gastronómicos en donde disfrutar de los frutos del mar, bancos para contemplar el horizonte, monumentos” (Aguaclara).

Se ven muchísimas personas pescando, sentados en el murito que limita la vereda del mar con sus cañas y pies colgando sobre el agua. El mejor balcón.

El río

El agua es a veces marrón y a veces verde transparente, cuando por casualidad se mezcla con el Océano Atlántico. Es el Río de la Plata, el río más ancho del mundo que se confunde con un mar. Así lo explica Uruguay Highlights, la guía de la Editorial Aguaclara, que dedica su primer capítulo justamente a “La Rambla”.

Algunos expertos afirman que el Río de la Plata es, en realidad, un estuario. Mar Dulce lo bautizó Juan Díaz de Solís en 1516, el primer europeo en llegar a estas costas, quien no sobrevivió al enfrentamiento que mantuvo con los indígenas nativos de la zona una vez que desembarcó en lo que hoy sería Punta Gorda.

La Rambla nos privilegia también en tanto es un punto de acceso directo al Río de la Plata. Los días en que el viento pampero sopla con fuerza o el mar entra con períodos altos, y se generan esas olas irregulares de agua marrón, sobre todo en Playa Honda, se pueden ver personas haciendo surf en plena capital, en pleno día laboral. Lo mismo pasa con el kitesurf, los días que el viento sopla fuerte, paralelo a la costa y la rambla se llena de cometas. Esta imagen es mucho más cotidiana que la de las olas.

La playa

Pero más allá de estas posibilidades que nos da la costa montevideana durante todo el año, lo más impresionante es lo que ocurre en el verano. “Si el tiempo lo permite, la sucesión de playas invita a darse una zambullida ya que en su mayoría son aptas para baños” (Aguaclara). Playas llenas de personas, aprovechando al máximo del tiempo libre, dándose un baño, tomando sol… Un atractivo natural, público y gratuito.

Como podemos ver, la rambla nos privilegia en tres niveles distintos. Primero en su forma de avenida. Luego como vereda. Por último, como playa. Son tres niveles sucesivos, de mayor profundidad natural. Como bien comienza citando la guía de Aguaclara. “Si dejo elegir a mis pies, me llevan camino del mar”, canta Jorge Drexler en su canción Montevideo. “Y es tal cual. Los uruguayos, más específicamente los de la capital, si se distraen, son conducidos por sus pies hacia el Río de la Plata”, agrega la publicación.

Jóven con camiseta blanca y los brazos detrás de la cabeza sentado en un banco de plaza verde sobre el césped frente al mar.

Foto: Carolina Astigarraga

Un paseo obligado

Y esto es lo que recomendamos para los viajeros que vienen a Montevideo: dedicar un día, o una mañana o una tarde, a caminar por la Rambla. Si eres de esas personas que cuando está de vacaciones conociendo una ciudad camina largas distancias, este es un paseo ideal para ti. Si puedes recorrer la rambla de un extremo al otro, mejor. Suponiendo que te alojas en la Ciudad Vieja o el Centro, puedes caminar hacia el este. Como dice la guía de Aguaclara, “Sentarse a mirar el atardecer en la Plaza Virgilio en el barrio de Punta Gorda hará que valga la pena la venida a Montevideo. Y si todavía resta algo de energía, hay que seguir viaje (…) hasta el histórico Hotel Carrasco para admirar su encantadora arquitectura.” El premio es cenar por ahí una vez que hayas llegado.

 

No te puedes perder

 

Escollera Sarandí

Los aficionados a la pesca no pueden perderse este espacio. La escollera Sarandí es un rompeolas del Puerto de Montevideo donde todos los días se ubican decenas de pescadores amateur a probar suerte. Construido a fines del Siglo XIX, es desde entonces uno de los lugares más tradicionales de la capital y más destacados de la Rambla. Observar desde aquí los atardeceres, con el sol cayendo a espaldas del cerro que le dio nombre a la ciudad, es una experiencia que los visitantes atesorarán por mucho tiempo.

 

Parque Rodó

El Parque José Enrique Rodó (más conocido como, sencillamente, Parque Rodó), homenajea al escritor uruguayo autor de “Ariel” (1900), que vivió entre 1871 y 1917. Es uno de los espacios verdes más importantes de la ciudad. En sus 42 hectáreas, alberga dos lagos internos, un área de bosque, un parque de atracciones y un parque infantil. También una zona gastronómica y de esparcimiento nocturno, el estadio de fútbol y la sede social del Defensor Sporting Club (uno de los clubes más populares del Uruguay), y un Teatro de Verano con capacidad para 6.000 personas donde entre febrero y marzo se lleva a cabo el concurso de Carnaval y, el resto del año, diversos espectáculos musicales. Un lugar ideal para tomarse una pausa en el paseo por la rambla.

 

Letrero de Montevideo

La foto obligada de cualquier turista que se dé una vuelta por la Rambla de Montevideo, a la altura de Kibón. Cada día, miles de personas se detienen para retratarse frente al letrero de cemento que fue instalado en 2014. La decoración del cartel se cambia periódicamente para que el visitante que llegue con frecuencia a la capital uruguaya siempre tenga una nueva foto, con la silueta de la rambla de Pocitos a sus espaldas.

 

 

Localista
Lugares donde encontrarse

 

Dónde comer algo

El Puertito del Buceo es uno de los espacios más encantadores de la Rambla de Montevideo. Allí amarran veleros y pequeños barcos de pescadores artesanales. En ese entorno, rodeado de puestos en los que los propios pescadores venden lo que pescan cada día, está el restaurante y marisquería El Italiano. Su especialidad, obviamente es el pescado y otros frutos del mar. Sinfonía de pescados y mariscos, ravioles de salmón con crema de camarón, paella, cazuela de mariscos y las clásicas rabas, son algunos de los platos que podrás probar aquí.

Abre todos los días desde las 11:00 am hasta la medianoche.

Dirección: República Federal de Alemania Número 1 Esquina Euclides Peluffo, Puertito del Buceo.
Teléfono: (+598) 093 356 940
Web: elitaliano.com.uy
Instagram: @marisqueria_elitaliano
Facebook: ElItalianoMarisqueria
Mail: contacto@elitaliano.com.uy

 

Dónde tomar algo

En la playa de Malvín, en un parador sobre la arena, está Salmuera Café Bistró. Su cocina ofrece una completa propuesta que incluye carnes, pescados o  ensaladas, entre otros platos. También cuenta con una variedad de tragos y bebidas. Es especialmente recomendable, sin embargo, llegar cuando cae la tarde para tomar un té o un café acompañado de tartas y dulces, y disfrutar de una de las vistas más espectaculares del atardecer, con el sol cayendo tras los edificios que se ven al oeste. En verano, podrás hacerlo también en la terraza, casi con los pies tocando la arena.

Abre de lunes a sábado desde el mediodía a la medianoche. Los domingos, de 12:00 pm a 07:00 pm.

Dirección: Rambla O’Higgins 4740, Malvín
Teléfono: (+598) 2613 5852
Facebook: salmuera.cafebistro
Mail: salmuera@montevideo.com.uy

 

Dónde compartir un mate

Situada sobre un barranco que otorga una vista panorámica al Río de la Plata, se encuentra la Plaza de la Armada, conocida también como Plaza Virgilio. Aquí abundan los árboles, palmeras y plantas de diverso tipo. En un espacio central está el Monumento a los caídos en el mar del artista plástico hispano-uruguayo Eduardo Díaz Yepes. Se trata de un lugar ideal para compartir un mate sentado en los bancos que miran al mar o en el césped. Aprovecha también para recorrer el lugar y descubrir las rocas que marcan los desniveles de altura del parque.

Dirección: Rambla República de México y Mar Ártico, Punta Gorda.

 


Foto de portada: Marcelo Campi

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2 Comments

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    Reply Rosi julio 7, 2019 at 3:05 am

    Linda la rambla

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    Reply Eduardo Ríos diciembre 14, 2019 at 4:27 pm

    Tal vez sea la joya máxima de Montevideo. Y es gratis y pertenece a todos, locales, o visitantes.
    La última vez que pasé por allí, en coche, a las 7 de la mañana, encontré varios grupos de gente joven. 7 a 10 personas en cada uno. Una guitarra, muchos mates, alguna botella de Coca o cerveza. Algunos estaban cantando. Obviamente habían pasado la noche. No era, en apariencia, una de esas trasnochadas a fuerza de alcohol. Puede haber habido romance. Pero no parecía lo único que los reunía. Salía el sol, estaba fresco. Mucha belleza. No lo he visto en otros lugares.

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