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El campo uruguayo

No hay mejor manera de conocer el Uruguay profundo y de explorar en sus tradiciones más arraigadas, que experimentando la vida en el campo. Aquí se ha forjado la identidad del país. Fue en ese escenario donde se produjo la revolución que a comienzos del siglo XIX llevó a la independencia. Y ha sido desde aquí que el país ha evolucionado desde entonces. Para un país pequeño que aún no ha descubierto petróleo y que no tiene grandes yacimientos mineros, su mayor riqueza natural está en el campo.

Más del 90% de la superficie del país es productiva. Históricamente, la ganadería – en especial la vacuna para la producción de carne – ha sido la principal actividad que se ha desarrollado en las enormes extensiones de praderas naturales. En las últimas décadas, sin embargo, también han ido ganando espacio otras actividades como la agricultura y la forestación.

Quienes habitan el campo viven una vida más conectada con la naturaleza. Abrazan con mayor fuerza las tradiciones del país, las que, además, transmiten con orgullo de generación en generación.

Por eso, tener la experiencia de la vida en el campo es una actividad tan enriquecedora. El campo uruguayo, como destino turístico, es una alternativa que seguro dejará recuerdos perdurables.

Vive la experiencia del campo uruguayo

Para vivir la experiencia del campo uruguayo, la mejor opción es alojarse en una estancia turística. Son establecimientos que, si bien reciben turistas, también llevan adelante una actividad económica y productiva regular.

Uruguay ha sido un país tradicionalmente destacado en el mundo por la calidad de la carne que exporta. Carne que se produce en campos ganaderos, poblados de cientos de terneros, vaquillonas, vacas y toros. Así que la actividad en estos predios comienza muy temprano en la mañana. Apenas sale el sol, los “peones rurales” – los trabajadores del campo – salen a caballo para trasladar el ganado de un potrero a otro para que los animales siempre tengan buen pasto para comer. Trabajar en el campo, acompañar esa labor que se lleva a cabo todos los días del año sin interrupción, es una de las actividades que podrás realizar aquí y que no te puedes perder. Arrear el ganado, ordeñar una vaca, alimentar a los animales, plantar y recoger vegetales de una huerta, son algunas de las múltiples tareas que podrás realizar.

Un descanso natural

Pero en las las estancias turísticas, no todo es trabajo. También es un lugar ideal donde descansar del ruido de la ciudad. Habitualmente son los mismos propietarios del campo los que atienden a los clientes. Esta es una gran ventaja respecto a otras opciones de alojamiento más tradicionales porque te harán sentir en casa, como a un amigo que han invitado a compartir su hogar por unos días. Además, estas estancias suelen disponer de pocas habitaciones para recibir visitas. Rara vez alojan a más de diez personas, lo que la hace que la experiencia sea casi individualizada.

El día comienza temprano con un desayuno con leche recién ordeñada, acompañado por panes, dulces y mermeladas caseras. Más tarde, a lomo de un caballo, descubre el paisaje que te rodea. Explora montes nativos, ríos, arroyos y caminos interminables de piedra y tierra. Si nunca te has subido a uno, no te preocupes. Siempre habrá caballos mansos que podrán montar incluso los más inexpertos, o los niños que lo hacen por primera vez.

Las actividades posibles son incontables. Bañarte en una cañada, pescar bagres, tarariras y mojarras en un arroyo, observar las aves y animales autóctonos que habitan el campo o incluso salir de caza en las épocas en que está permitido. En la noche, comer un asado acompañado por un vino tannat, la variedad más tradicional del Uruguay. O sentarse frente a un fogón para escuchar las leyendas de la zona. En una noche despejada, sin nubes, no te pierdas la oportunidad de contemplar el cielo. Aléjate un poco de la casa, camina algunos metros y mira hacia arriba. Será difícil que encuentres un mejor lugar donde ver tantas estrellas. Una experiencia siempre fascinante.

En todo el país

Las estancias turísticas están distribuidas por todo el país. Las alternativas son muy numerosas.

Por ejemplo, en el norte del territorio nacional está la Estancia El Cangüé. Ubicada en el departamento de Paysandú, ofrece un servicio personalizado, con pocas habitaciones. Uno de sus principales atractivos es el rosedal, situado en un lugar privilegiado del establecimiento. Más de 500 ejemplares de un centenar de especies de rosas forman parte de esta colección. Aquí se organizan, además, todo tipo de actividades que se disfrutan sobre todo en familia o en pareja. Entre otras, senderismo por los montes nativos de la zona, pesca o canotaje. También tienen salas de juego y piscina.

En el sur , en tanto, está la Estancia Águila Blanca, ubicada en las sierras del departamento de Lavalleja. Como en todas las estancias turísticas, también es posible acompañar el trabajo de campo. Es un establecimiento de 1.000 hectáreas (2.500 acres) de producción ganadera. Entre otras actividades, aquí puedes hacer cabalgatas, canotaje en kayaks, senderismo y avistamiento de animales. En especial, de carpinchos, el roedor más grande del mundo que es típico de esta zona del país.

No dejes de probar los alimentos caseros elaborados con ingredientes producidos en el mismo campo donde te hospedas. Son imperdibles los asados, guisos, ensopados y milanesas. Acompáñalos de postres típicamente locales como los panqueques de dulce de leche, el flan casero o el arroz con leche.

Cabalgatas

La vida en el campo casi no puede entenderse sin la presencia de caballos. Desde los orígenes mismo de la nación, han estado presentes. Como herramienta de trabajo, muchas veces. Pero también como medio de transporte o como parte integrante de prácticas que se consideran deportivas. Por ejemplo, cada fin de semana en distintos puntos del país se llevan a cabo competencias de raíd (unas carreras de enduro ecuestre que ponen a prueba la resistencia del jinete y el animal). También se pueden encontrar jineteadas, pruebas de rienda y otras actividades en las que el caballo es protagonista.

Es muy común, por otra parte, que a lo largo de todo el territorio nacional, distintas organizaciones realicen cabalgatas para quienes simplemente disfrutan de hacer un paseo a lomo de un caballo. Así, por ejemplo, se pueden cabalgar a orillas del océano en Rocha, entre las sierras del departamento de Lavalleja, en los extensos paisajes del Valle del Lunarejo, en Rivera, en las Montes del Queguay en Paysandú, en el Lago del Rincón del Bonete, en Tacuarembó, entre los viñedos de Canelones o en los bañados de Santa Lucía, en Montevideo.

Los recursos naturales del campo uruguayo

El agua es un elemento abundante en Uruguay. Ríos, arroyos, lagos, lagunas y cañadas están presentes por toda la geografía nacional. Así que en estos establecimientos también es frecuente que haya una oferta vinculada a los cursos de agua que la atraviesan. Desde un simple baño hasta la pesca de diferentes especies de peces, dependiendo del lugar donde te encuentres. En los más pequeños podrás pescar bagres, tarariras, bogas o sábalos, mientras que en los ríos más caudalosos encontrarás dorados y surubíes.

La observación de la fauna autóctona es también otro de los grandes atractivos que ofrece este destino. Habitando el campo uruguayo podrán hallarse con facilidad ejemplares de mulitas, ciervos, venados, carpinchos, liebres y zorros, además de una gran cantidad de aves como ñandúes, teros, lechuzas, águilas, horneros y perdices, entre otros. Y están allí, en los postes de los alambrados, a un costado de los caminos o corriendo por el campo. Casi como si los hubieran puesto para que el visitante pueda admirarlos con tranquilidad.

La vida en el campo

Al visitar una estancia turística, vale la pena dedicar algunas horas a conocer a quienes viven en el campo. Son una parte muy importante de la población del país. Conversar con los paisanos que trabajan en ese establecimiento. Conocer sus historias de vida y el sacrificio del trabajo que realizan. Su amor por la naturaleza, su apego a las tradiciones y una forma de ver la vida tan distintas a la de quienes habitan las ciudades.

También recorrer los pequeños (en algunos casos diminutos) pueblos y localidades de la región. Una experiencia especialmente recomendable es visitar alguna de las escuelas rurales que allí se encuentren. Normalmente son unos pocos alumnos de distintas edades y cursos los que toman clases en un solo salón, con una sola maestra. Acercarse durante el recreo para charlar un rato. Escuchar sus relatos sobre cómo llegan hasta la escuela o a qué se dedica su familia. Testimonios enriquecedores que serán difíciles de olvidar.

Si además tienes la suerte de que ese fin de semana se está llevando a cabo en la zona algún festival a beneficio de una escuela o de los vecinos del lugar, la experiencia es completa. Alló son habituales las jineteadas y pruebas de rienda. Se puede comprar en ferias artesanales o probar el asado con cuero, y los dulces y tartas caseras que se ofrecen. Mientras tanto, asistes a espectáculos de baile (con parejas y grupos bailando pericón, valses criollos o zambas), y de música (con una sucesión de conjuntos que interpretan ritmos que van desde el folklore más tradicional hasta la cumbia y la plena uruguaya, ritmos más emparentadas con la música tropical). Es en estas instancias que experimentas la fiesta en el campo desde adentro.

 

Establecimiento “La Oportunidad” – Florida

A casi 100 km (62 millas) al norte de la ciudad de Montevideo, en el departamento de Florida, se encuentra la ciudad de Cardal. Considerada la capital lechera del país, en su entorno se produce un tercio de la leche de todo el Uruguay. Por eso es aquí donde todos los años, en el mes de octubre, se lleva a cabo la Fiesta Nacional de la Leche.

En esta ciudad se encuentra el Establecimiento “La Oportunidad”, un tambo turístico en el que se podrás conocer cómo se desarrolla la actividad en este sector, tan típico de la zona sur del país. Jornadas de ordeñe en visitas guiadas por sus propios dueños y la degustación de productos elaborados en el lugar y en la zona, son algunas de las posibilidades. No dejes de probar, en particular, postres como el flan con dulce de leche o el arroz con leche. ¡Exquisitos! La propuesta también incluye un recorrido por la ciudad de Cardal para conocer la plaza principal y su exposición de maquinaria agrícola antigua o la vieja estación de trenes.

 

Museo del Indio y del Gaucho – Tacuarembó

El indio y el gaucho son dos figuras que han formado parte de la identidad del campo uruguayo. Distintas poblaciones indígenas (charrúas, guaraníes, minuanes, guenoas y chaná, entre otros) poblaron este territorio durante miles de años hasta su casi desaparición a mediados del siglo XIX. En Uruguay, solo quedan hoy algunos descendientes que intentan mantener parte de su tradición. El gaucho, en tanto, surgido a mediados del siglo XVIII habitó en las llanuras orientales casi hasta el siglo XX. Nómades, expertos jinetes, ocuparon un lugar importante como trabajadores rurales en las primeras décadas de la producción ganadera en Uruguay.

En la ciudad de Tacuarembó, 400 km (249 millas) al norte de Montevideo, está el Museo del Indio y del Gaucho. En sus instalaciones alberga uno de las mayores y más ricas colecciones de objetos, herramientas y armas utilizadas por indios y gauchos en el Uruguay. En la sección dedicada a las poblaciones indígenas pueden encontrarse decenas de puntas de flecha, cerámicas, sillas hechas con hueso y un arco completo de 1,75 m (69 pulgadas) de largo, que alguna vez perteneció a un charrúa. Es el único arco de este tipo, de origen charrúa, que se conserva en Uruguay. En la sección dedicada a los gauchos, en tanto, pueden verse cuchillos de oro y plata, boleadoras y espuelas de plata, entre otras cosas. Este es un paseo corto, que no llevará mucho tiempo. Sin embargo, permite conocer mejor la historia de quienes habitaron el campo uruguayo.

Minas de ágatas y amatistas – Artigas

Conocer el campo uruguayo es también conocer su suelo y la riqueza de la piedra que aflora en su territorio. Descubiertas y explotadas hace ya más de un siglo y medio, las ágatas y amatistas son un gran atractivo para quienes se animen a viajar hasta el extremo norte del país. Los intensos tonos azules y violetas conquistan a los visitantes que llegan hasta la ciudad de Artigas, 600 km (373 millas) al norte de Montevideo. En 2018 fue declarada como Ciudad Artesanal para las ágatas y amatistas por el Consejo Mundial de Artesanía, una distinción que responde al gran trabajo que los artesanos de la región realizan con estos materiales.

Los yacimientos pueden ser visitados a través de un “Safari Minero”, una experiencia que organiza el Hotel Casino San Eugenio del Cuareim. Se puede recorrer las canteras y las grutas, visitar los talleres donde trabajan los artesanos y, por supuesto, llevarte alguna piedra como recuerdo.

 

 

Dónde tomar algo

El vino es la bebida que más identifica al Uruguay. En especial el tannat, que le ha hecho ganar reconocimiento internacional al país. Aunque originalmente esta variedad llegó desde Europa, tiene aquí un lugar particularmente destacado. En general, los viñedos uruguayos están ubicados en el sur del país, especialmente en el departamento de Canelones.

Sin embargo, hay un lugar en Rivera, casi en el límite que separa Uruguay de Brasil, que no puedes perderte. Se trata de la Bodega Cerro Chapeu, de Carrau, ubicada en las sierras, a 340 metros (1.115 pies) sobre el nivel del mar. En este establecimiento se producen mayoritariamente vinos Tannat. Pero también se elaboran otras variedades como Cabernet Sauvignon, Arinarnoa, Sauvignon blanc, Pinot noir y Chardonnay.

 

 

Dónde comer algo

Uno de los platos uruguayos más típicos es el asado. En particular, hecho con carne de vaca. Pero en el campo también es tradicional el asado de cordero. En una estancia turística o en una casa de campo seguramente te lo ofrecerán. No te lo pierdas. Es una alternativa muy recomendable.

Pero asarlo a las brasas no es la única manera de cocinar el cordero. Si quieres probar todos los sabores que la carne ovina puede ofrecer, ve a almorzar a “Cabaña La Mansedumbre”, un pequeño establecimiento ubicado cerca de la localidad de Sauce, en Canelones.

Sus propios dueños preparan los platos. Cordero a la portuguesa, rack de borrego milschasff, o escabeche de cordero son algunas opciones. También se ofrecen pastas caseras y acompañamientos elaborados con verduras de su propia huerta. Acompáñalo con el vino tannat o chardonnay de la casa. Y de postre, flan con dulce de leche de cabra. Si te quedas con ganas de más, llévate algunas de las conservas que se preparan como las lengüitas de cordero a la vinagreta.

La atención es personalizada. Sus propietarios son los cocineros y quienes sirven a los comensales. Todo se cocina a la vista. Así que, muchas veces, hasta los propios clientes participan del proceso de elaboración de las comidas. El lugar es pequeño, con mesas grandes donde caben casi todos los comensales. Por esa razón, suele generarse un clima de confianza que facilita la conversación. Asegúrate de reservarte el tiempo para pasar allí varias horas.

Dónde compartir un mate

Los uruguayos sienten una admiración especial por José Artigas (1764 – 1850), a quien consideran el padre de la patria. Pero hay un sitio al norte del departamento de Paysandú, de gran valor histórico, donde es venerado particularmente: la meseta de Artigas. A pocos kilómetros, el propio Artigas fundó en 1815 el campamento de Purificación, su cuartel general. Aunque los rancheríos que se edificaron entonces ya no existen, un monumento recuerda hoy aquellos hechos ocurridos a poca distancia.

Cada año, en el mes de setiembre, se lleva a cabo el “Encuentro con el patriarca”, una marcha a caballo de varios días que finaliza, precisamente, a los pies del monumento a Artigas. Miles de personas llegan de todo el país para esta celebración. La mayoría de ellos, nucleados en grupos llamados “aparcerías”, que celebran las tradiciones del campo.

Así que compartir un mate en ese lugar en cualquier momento del año tiene un valor especial. Y no solamente por lo que simboliza ese espacio. Si no también por la belleza del paisaje en el que está enclavado.

Una zona de barrancas de hasta 50 metros (164 pies) de altura, dan una vista al Río Uruguay deslumbrante. Los atardeceres, en particular, son inigualables. En el centro de la meseta se encuentra el monumento de 37 metros (121 pies) en cuya cumbre hay un busto de Artigas. Un parque de 50 hectáreas (123 acres) completa un entorno que vale la pena recorrer íntegramente. También hay un centro de interpretación, donde se puede conocer en detalle la vida de Artigas y su legado.

Nota: Debido a la emergencia sanitaria, muchas de estas actividades pueden estar afectadas en su normal funcionamiento, por lo que caso de querer visitar alguno de los sitios mencionados en esta nota, recomendamos primero contactarse con el lugar para informarse sobre horarios y protocolos.


Foto de portada: William Gustavo Moreira

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